Sin Red

domingo, enero 09, 2005

EDULCORANTE

Andaba yo en esos paseos que me regalo, en esos días azul frío, por propiciar que me pase algo, de mezclarme con la mancha humana, ahora que puedo.

El día había transcurrido con normalidad, con esa odiada, pegajosa y vulgar normalidad.

Cansada ya y más helada entré en una cafetería del centro. Libro recién estrenado y ansia de fumar a cubierto que siempre sabe mejor.

Pido mi café con leche con mi mejor sonrisa, devuelta por supuesto.
Abandonado mi café un rato donde lo posan oigo que con gran estruendo cae sobre mi mesa individual para dos un sobre. Un sobre de edulcorante (lo peor que te pueden ofrecer sin haber sido pedido).

Desconcertada, miro a mi sonrisa que va a lo suyo.

El sobre amenaza tendido sobre la mesa casi vacía…

¿Qué habrá querido decir?

¿Quién se ha creído que es?

Sigo a lo mío, mi libro recién estrenado. El sobre sigue ahí. Amenazante. Estoy tensa, muy tensa.

Sobre delator, medio dulce, medio agrio, medio calórico.

A lo tuyo, bebe, paga y pírate (no olvides mellar al sonriente).

Intento concentrarme en la lectura, amargada sin duda por el dichoso edulcorante. Imposible.

Repaso mentalmente varias formas de aniquilación, primero para el sobre y por extensión al que lo sirvió.

De la mesa contigua llega un rugido atroz, una pareja mayor, ya anciana, que toma lo salado soso y lo dulce con sacarina brama el reclamo de su sobre.

¡¡¡¡¡Su sobre, es suyo!!!!!

Mi sonrisa se acerca, mira mi mesa, me mira, sonríe y aprieta en sus manos al delator que entrega a su té sin limón.

Te perdono la vida, querido.

Después de todo una no está tan mal.

(Joder! 1.12€!!!!... llevará gasolina?)


... una es que es de andar por casa.... -reflexionado después de lo visto, depués de lo leído-.

miércoles, noviembre 10, 2004

Hazlo!

Y hasta aquí he llegado…
Y como el llegar me ha producido cierto resquemor y considerándolo harto difícil empezaré por algo sencillito, el plagio directo.
Siempre he admirado la capacidad de otros para expresarme a mí, expresar lo que yo quería decir. Admiración difuminada con la rabia de la que siempre es adelantada.
Lo que sigue estaba a punto de vomitarlo yo, pero se me adelantaron.

" El espacio que queda entre la espada y la pared es exiguo. Si huyendo de la espada, retrocedo hasta la pared, el frío del muro me congela, si huyendo de la pared, trato de avanzar en sentido contrario, la espada se clava en mi garganta. Cualquier alternativa, pues que pretenda establecerse entre ellas, es falsa y como tal, la denuncio. Tanto el muro como la espada sólo pretenden mi aniquilación, mi muerte, por lo cual me resisto a elegir. Si la espada fuera más benigna que el muro, o la pared, menos lacerante que el filo de aquella, cabría la posibilidad de decidirse, pero cualquiera que las observe, comprenderá enseguida que sus diferencias son sólo superficiales. Sé que tampoco es posible dilatar mi muerte tratando de vivir en el corto espacio que media entre la pared y la espada. No sólo el aire se ha enrarecido, está lleno de gases y de partículas venenosas: además, la espada me produce pequeños cortes que yo disimulo por pudor y el frío de la pared congestiona mis pulmones.... Si consiguiera escurrirme, la espada y el muro quedarían enfrentados, pero su poder, faltando yo entre ambos, habría disminuido tanto que posiblemente el muro se derrumbara y la espada enmoheciera. Pero no existe ningún resquicio por el cual pueda huir, y cuando consigo engañar a la espada, la pared se agiganta, y si me separo de la pared, la espada avanza. He procurado distraer la atención de la espada proponiéndole juegos, pero es muy astuta, y cuando deja de apuntar a mi garganta, es porque dirige su filo hacia mi corazón. En cuanto al muro, es verdad que a veces olvido que se trata de una pared de hielo y cansado, busco apoyo en él: no bien lo hago, un escalofrío mortal me recuerda su naturaleza. He vivido así los últimos meses. No sé por cuánto tiempo aún podré evitar el muro, la espada. El espacio es cada vez más estrecho y mis fuerzas se agotan. Me es indiferente mi destino: si moriré de una congestión o me desangraré a causa de una herida, esto no me preocupa. Pero denuncio definitivamente que entre la espada y la pared no existe lugar donde vivir. "