EDULCORANTE
El día había transcurrido con normalidad, con esa odiada, pegajosa y vulgar normalidad.
Cansada ya y más helada entré en una cafetería del centro. Libro recién estrenado y ansia de fumar a cubierto que siempre sabe mejor.
Pido mi café con leche con mi mejor sonrisa, devuelta por supuesto.
Abandonado mi café un rato donde lo posan oigo que con gran estruendo cae sobre mi mesa individual para dos un sobre. Un sobre de edulcorante (lo peor que te pueden ofrecer sin haber sido pedido).
Desconcertada, miro a mi sonrisa que va a lo suyo.
El sobre amenaza tendido sobre la mesa casi vacía…
¿Qué habrá querido decir?
¿Quién se ha creído que es?
Sigo a lo mío, mi libro recién estrenado. El sobre sigue ahí. Amenazante. Estoy tensa, muy tensa.
Sobre delator, medio dulce, medio agrio, medio calórico.
A lo tuyo, bebe, paga y pírate (no olvides mellar al sonriente).
Intento concentrarme en la lectura, amargada sin duda por el dichoso edulcorante. Imposible.
Repaso mentalmente varias formas de aniquilación, primero para el sobre y por extensión al que lo sirvió.
De la mesa contigua llega un rugido atroz, una pareja mayor, ya anciana, que toma lo salado soso y lo dulce con sacarina brama el reclamo de su sobre.
¡¡¡¡¡Su sobre, es suyo!!!!!
Mi sonrisa se acerca, mira mi mesa, me mira, sonríe y aprieta en sus manos al delator que entrega a su té sin limón.
Te perdono la vida, querido.
Después de todo una no está tan mal.
(Joder! 1.12€!!!!... llevará gasolina?)
... una es que es de andar por casa.... -reflexionado después de lo visto, depués de lo leído-.
